Marcel Schwob
El arte del biógrafo consiste justamente en la elección
Nació en 1867 en Chaville, Francia, en el seno de una familia de intelectuales judíos. En 1876 se estableció con sus padres en Nantes. Entre 1881 y 1882 Marcel partió a Paris a continuar sus estudios y se hospedó en casa de su tío Leon Cahun, bibliotecario en jefe de la Biblioteca Mazarine, quien ejercería gran influencia sobre él.
Estudió en el Liceo Louis-le-Grand y filología y sánscrito en la Ecole des Hautes Études. En 1891 se publicó Corazón doble; en 1892, El rey de la máscara de oro, y en 1894, El libro de Monelle. Schwob fue un especialista en la obra de François Villon y de su labor como traductor quedan las traducciones al francés de Hamlet y Moll Flanders.
En 1896 la salud de Marcel comenzó a decaer y lo operaron por primera vez de con mal con diagnósticos diversos; lo operarían cuatro veces más. En 1900 se casó en Londres con la actriz Marguerite Moreno. Murió en París, durante su ausencia, en 1905, víctima de una gripa. Tenia 37 años.
«HAY UNA FORMA de relatar y de describir. La humanidad literaria sigue con tan buena voluntad las rutas trazadas por los primeros descubridores que la comedia no ha cambiado en nada desde que Menandro fabricó su «boceto». ni la novela de aventuras desde el esbozo que trazó Petronio. El escritor que rompe la ortografía tradicional da verdaderas pruebas de su fuerza creadora.
Sin embargo, debemos resignarnos; no podemos cambiar nada más que la ortografía de las frases y la dirección de las líneas. Las ideas y los hechos siguen siendo los mismos, como el papel y la tinta. [...] Los poetas y los pintores son inventores de formas: utilizan para ello las ideas comunes y las caras de la gente.»
«[En los relatos de misterio] la ilusión de la realidad nace del hecho de que los que nos presentan son objetos cotidianos, a los cuales ya estamos acostumbrados; y la fuerza de la impresión que nos hacen surge cuando las relaciones entre estos objetos familiares son súbitamente alteradas.
[...]
Dos de los incidentes más cargados de horror en la literatura son el descubrimiento, por parte de Robinson, de la huella de un pie desconocido sobre la arena de su isla, y el estupor del Dr. Jekyll cuando descubre, al despertar, que su propia mano, que reposa sobre la sábana de su cama, se ha convertido en la mano velluda de Mr. Hyde.»





