Nació en Idaho en 1885. Realizó estudios en la Universidad de Pensilvania y en el Hamilton College y se licenció en 1905. En 1908 viajó a Europa y publicó su primer libro de poemas, A lume spento, en Venecia. Posteriormente se traslado a Londres donde fundó el imaginismo junto con H. D. Hulme y Richard Aldington. Fue corresponsal de la revista Poetry de Chicago en Europa, en cuyas páginas promovió a autores como Robert Frost, T. S. Eliot y Marianne Moore.
Hacia 1914 abandonó el imaginismo a favor del vorticismo, que relacionaba la poesía, la pintura y la escultura. El producto de esa corriente fue su célebre obra Cantos, escrita entre 1925 y 1940.
En París, hacia 1920, apoyó a los escritores estadounidenses de la Generación Perdida. En 1924 se retiró a Rapallo, Italia. En ese país se volvió partidario de Mussolini y en 1941, a raíz de la participación de Estados Unidos en la guerra, intentó regresar a su país pero se le negó la entrada y entonces comenzó a transmitir desde Radio Roma programas radiofónicos apoyando el fascismo. Al fin de la guerra fue detenido y encarcelado por el ejército norteamericano de ocupación en Pisa; luego fue trasladado a Estados Unidos y acusado de alta traición a la nación por sus charlas radiofónicas, declarado perturbado mental y confinado durante más de diez años en el St. Elizabeth Hospital de Wasbington. En 1958, mediante gestiones de varias figuras públicas, se le retiró la acusación de traición y pudo regresar a Italia, donde pasó el resto de su vida. Murió en Venecia en 1972.
«LA CRÍTICA NI limita ni prohíbe. Sólo proporciona puntos de partida. Puede despertar al lector desatento o indiferente poniéndolo sobre aviso. Lo poco que en ella hay de valor se encuentra por lo general en frases aisladas; o si se trata de un artista viejo que ayuda a un joven, casi todo se reduce a reglas empíricas, consejos basados en la experiencia.»
«Vale más presentar una sola imagen en toda una vida que producir obras voluminosas.»
«[Lenguaje] No emplees expresiones como «nebulosos territorios de paz». La imagen se oscurece. Se mezcla una abstracción con lo concreto. Este error se debe a que el escritor no se da cuenta de que objetivo natural es siempre el símbolo adecuado.
Teme las abstracciones. No repitas en versos mediocres lo que ya se ha dicho en buena prosa. No creas que se puede engañar a una persona inteligente esquivando las dificultades del inefablemente difícil arte de la buena prosa mediante el artilugio de fraccionar la composición en versos. Lo que hoy aburre al entendido, aburrirá al público mañana.»
«[Ritmo y rima] Que el neófito conozca la asonancia y aliteración, rima inmediata y retrasada, simple y polifónica, como se espera que el músico conozca la armonía, el contrapunto y todas las minucias de su oficio. Nunca será excesivo el tiempo que se dedique a estos asuntos o a uno solo en particular, aun cuando el artista pocas veces tenga necesidad de valerse de ellos.
No te imagines que algo «saldrá bien» en verso sólo porque resulta pesado en prosa.
No «teorices» —deja eso para los escritores de ensayitos filosóficos. No describas; recuerda que el pintor puede describir un paisaje mucho mejor que tú, y tiene que saber mucho más acerca de él.»





